Pablo - Atrapando el Tiempo
En Atrapando el Tiempo cada reloj que analizamos pasa antes por nuestras muñecas. Compartimos cada reseña desde la experiencia real, el criterio de coleccionista y una visión honesta de la relojería.
El Tudor Black Bay es el primer Tudor que pasa por el canal, pero llega después de más de 200 relojes analizados: desde numerosos Casio y G-Shock hasta Seikos como el Captain Willard o el Marinemaster 300, el Mido Ocean Star 600 o la entrada al lujo suizo de la mano de Longines. Con esa vara de medir a la espalda nos enfrentamos ahora a la segunda marca de Rolex.
Las opiniones que vas a leer están basadas en uso continuado, comparativas directas con relojes de nuestra colección y comprobaciones realizadas en primera persona, como la lectura de los datos de certificación del METAS a través de la propia tarjeta de garantía del reloj.
Tudor Black Bay, el reloj que le robó el alma al Submariner
Tudor Black Bay. El buceador más elegante y capaz
Hoy os hablo de un relojazo de una marca cada vez más reconocida por cualquiera que entienda un poco de esto: el Tudor Black Bay. Un reloj que me ha volado la cabeza. No tanto por su estética —a mí me gusta más el Pelagos— como por su calidad, que es brutal.
Y ojo, que cuando digo que me gusta más el Pelagos no le estoy haciendo de menos a este, ¿eh? Es que el Pelagos tira más a lo deportivo puro, que es lo que va conmigo. Lo que pasa es que el Black Bay tiene esa dualidad deportivo-elegante que engancha muchísimo, y a mucha gente le va a cuadrar mejor que a mí. Pero a eso ya llegaremos al final.
Puedes visitar la página oficial de Tudor aquí.
Tabla de contenidos
¿Relojería suiza sobrevalorada?
Muchas veces tengo en la cabeza que la relojería suiza se ha subido mucho a la parra, y que hay muchas marcas suizas que piden precios, yo diría que injustificados. Hay honrosas excepciones a este comentario, pero creo que es aplicable a muchas, sobre todo en el segmento que llamamos de entrada al lujo.
Sin tener grandísima experiencia en este tipo de piezas, pero basándome en lo que hemos visto aquí y comparando, diría que este reloj marca una nueva dimensión, porque nada más tenerlo en la mano te das cuenta de que juega en otra liga. Y eso que es la segunda marca de Rolex. O quizá precisamente por eso, ¿no?
La sensación de calidad que transmite es enorme, y diría que está a la altura de su fama, que cada vez es más grande. No sé si decir que también de su precio, porque ya sabéis que para mí 5.000 € siempre me parece demasiado dinero para un reloj de acero. Pero diría que este Tudor Black Bay 41 referencia M7941A1A0RU-0001, junto a los Longines que hemos visto, son las marcas suizas de entrada al lujo que mejor justifican su precio.
Un "grandes éxitos" del Tudor Submariner
El Black Bay vio la luz en el año 2012, y no es una reedición de un viejo modelo, sino más bien un compendio de grandes éxitos del Tudor Submariner, que nació en 1954, solo unas semanas después que su hermano mayor, el Rolex.
En aquellos años, la relación con la marca matriz era muy estrecha. De hecho, ambos relojes compartían prácticamente todo —esfera, caja, brazalete—, todo menos el movimiento, ya que Rolex usaba calibres de manufactura. Sin embargo, Tudor se equipaba con calibres de terceros, habitualmente ETA o Fleurier. Y, claro, por eso eran más baratos.
La Big Crown del Diver de 1958 y las agujas Snowflake
El Tudor Black Bay mantiene toda la esencia del primer Submariner de Tudor, pero también incorpora esa Big Crown, o gran corona, del Diver de 1958: una corona enorme y sin protecciones. Y creo que eso contribuye muchísimo a la imagen retro que tiene este reloj.
Del año 1969 toma las agujas que en aquel momento encargó la Marina francesa a Tudor para que la hora fuera más visible debajo del agua: las que conocemos como Snowflake, o copo de nieve.
El éxito de este reloj ha sido tan rotundo que, a partir de su lanzamiento, se dejó de ver a Tudor como una segunda marca de Rolex o que solo usaba piezas de la matriz para tener renombre. A partir de ese momento empezó a tener más entidad y personalidad propia, y con ello el reconocimiento de todos los aficionados. Aunque el reloj ha perdido aquel nombre mítico, Submariner, que ahora se ha apropiado Rolex en exclusiva, el Black Bay (o Bahía Negra) le ha dado a la marca un carisma que antes no tenía.
Aunque siga siendo la segunda marca de Rolex, ahora tiene su propio espacio y, por supuesto, no solo el reconocimiento de los aficionados, sino también un éxito de ventas cada vez mayor.
¿Más fiel a la historia del Submariner que el propio Rolex? Tudor Black Bay Vs. Rolex Submariner
De hecho, y hablando de este modelo, hay muchos que piensan que Tudor está siendo más fiel a la historia del Submariner que la propia Rolex, que ha elevado ese reloj al segmento del lujo, mientras que el Tudor conserva aquel espíritu de los primeros relojes herramienta de aquellos años. Que, por cierto, no llevaban cerámica en el bisel: los primeros, baquelita, y después aluminio anodizado, como este.
La cerámica, todos sabemos que se mantiene igual desde el primer día, con el mismo brillo y sin arañazos. Pero es que el aluminio envejece con su dueño: cambia de color según la exposición al sol, al agua de mar y al paso del tiempo, y se raya más. Sí, todos lo sabemos, pero hasta eso le da un puntito de personalidad. Y, además, dentro de 20 o 25 años tu Tudor Black Bay va a ser único, y habrá envejecido contigo.
Los primeros Submariner tampoco tenían protecciones en la corona, y el cristal era ligeramente abombado porque era plexiglás. Son características estéticas que el Black Bay sí conserva.
Del calibre ETA al MT5602 de Kenissi
El primer Tudor Black Bay que lanzaron en 2012 tenía exactamente este mismo aspecto y medidas: 41 mm, bisel granate anaranjado, esfera negro mate e índices y manecillas doradas, también llamados *gilt*. Pero los primeros modelos tenían como logo la rosa de Tudor y equipaban un calibre ETA 2824 modificado por la marca.
Y así fue hasta que, en 2016, deciden que ya no quieren volver a usar movimientos ajenos, como habían hecho siempre a lo largo de su historia. Es cuando lanzan el Black Bay con un calibre MT5602 fabricado por Kenissi, que podríamos decir que es la manufactura de Tudor, aunque en realidad está participada por más marcas y también vende a terceros. No como Rolex, que se suministra a sí misma y en exclusiva. Pero, aun siendo así, creo que ese movimiento fue definitivo para ganarse la entidad y la credibilidad que hoy tiene Tudor.
Qué es Kenissi y por qué importa
No es lo mismo, pero casi. Hasta comparten edificio en las instalaciones de Tudor en Le Locle: una parte está dedicada a Kenissi. Pero ya digo que no hay que confundirse, porque Kenissi no es solo la fábrica de calibres de Tudor, sino una alianza industrial entre marcas muy potentes —Chanel, Breitling, Tudor— que han unido fuerzas para crear calibres de primerísima calidad, para suministrarse a sí mismas y también para vender a terceros. TAG Heuer, Fortis, Bell & Ross o Norqain, por ejemplo, son clientes de Kenissi. Por eso no se puede decir que sea la manufactura de Tudor. O sí. Bueno, ya me entendéis.
Características , funciones y certificaciones. METAS: el "Master Chronometer" que hace sudar a Rolex
Este Tudor Black Bay es un reloj herramienta para buceadores, analógico, con tres agujas centrales, movido por un calibre Kenissi con certificación Master Chronometer del METAS, que es un organismo oficial del Gobierno suizo totalmente independiente de las marcas.
Si la certificación COSC viene a ser como pasar la selectividad para acceder a estudios superiores, el METAS, o el Master Chronometer, es el doctorado *cum laude*. El COSC comprueba el calibre, mientras que el METAS lo hace con todas las características funcionales del reloj: la precisión, la resistencia a los campos magnéticos, la sumergibilidad y la reserva de energía.
Lo primero que exige el METAS es tener dos certificaciones: el Swiss Made y el certificado COSC. Por cierto, que Tudor garantiza que todos los componentes del reloj han sido producidos y ensamblados en Suiza. Y conviene aclarar esto, porque hay muchos relojes Swiss Made con ojos rasgados.
Ya sabéis que esta certificación, Swiss Made, exige que al menos el 60 % del reloj sea suizo, y por ahí se cuelan muchas trampillas. Pero con Tudor no hay ninguna duda, ya que eleva esto hasta el 100 %, controlando toda la cadena de producción en el Jura.
Se puede decir que hoy día Tudor ha conseguido ser una manufactura independiente de terceros, y con un control de calidad que hace sudar a Rolex.
Las pruebas que supera un Master Chronometer
Pero volvamos a la certificación METAS, y os comento qué pruebas son a las que someten los relojes.
- Cronometría o precisión: además de poseer el certificado COSC, hacen lecturas de cada reloj a dos temperaturas, en seis posiciones y con dos niveles distintos de reserva de energía, 100 % y 33 %. Y aquí está el quid: el COSC pide al movimiento un −4/+6 al día, mientras que el METAS le exige al reloj ya montado un 0/+5. Vamos, que afina cinco segundos.
- Hermeticidad: comprueban que sea sumergible a 200 m según las normas ISO.
- Antimagnetismo: someten el reloj a un campo magnético de nada menos que 15.000 gauss, y comprueban que la cronometría no se ha visto afectada. En esta prueba, el 99 % de los relojes del mercado se quedarían fritos.
- Reserva de marcha: comprueban que tenga, como mínimo, 70 horas.
Una vez superadas todas esas pruebas es cuando te dan el Master Chronometer, que, por cierto, es la primera vez que lo vemos aquí: más de 200 relojes reseñados, y es el primero que lo ha pasado. Es decir, que este Tudor llega marcando diferencias con cualquier precedente. Y no son cualquier cosa.
Que un reloj clave 0/+5 en lugar de −4/+6 está muy bien, pero seamos honestos: en el día a día, esos pocos segundos no los vais a notar en la muñeca. Un buen COSC también os va a dar la hora estupendamente. Donde el METAS marca de verdad la diferencia, y esto sí es palpable, es en dos cosas: en que la medición se hace con el reloj ya encajado en su caja (que es como lo llevas tú, no el movimiento desnudo en un banco) y, sobre todo, en esos 15.000 gauss de resistencia magnética, que es aproximadamente lo que te encuentras pegado a una resonancia. Así que sí, lo de “hace sudar a Rolex” se sostiene, pero que quede claro de qué va la fiesta: es más una cuestión de robustez y de control total del producto que de que vayas a llegar tarde al trabajo con un COSC.
El calibre MT5602-U al detalle
Sigamos con el Tudor, o Kenissi, MT5602-U. Por cierto, que esa “U” se refiere precisamente a los que están certificados por el METAS.
Es un calibre de 25 rubíes, espiral de silicio y rotor bidireccional, que funciona a 28.800 alternancias/hora —4 Hz, u ocho pulsos por segundo—, con parada de segundero y remonte manual.
En este caso no vamos a comprobar su cronometría, porque esos datos ya te los facilita la propia marca. Y lo más curioso es cómo lo hace: has de coger la tarjeta de garantía y acercarla a la parte de atrás de tu smartphone, y verás que inmediatamente aparece tu reloj y todos los datos que midieron en el METAS. La verdad es que es algo impresionante. Ahí puedes ver todas las mediciones que hizo este organismo suizo, que sin duda es mucho más fiable que lo que podemos hacer nosotros.
Medidas, esfera y ese "falso radio" tan logrado
Sus medidas son 41 mm de diámetro, 49,2 mm entre postes, 13,5 mm de altura, y el ancho entre asas es de 21 mm. Su PVP, 4.900 €.
Diámetro:
41 mm
Lug to lug:
49,2 mm
Grosor:
13,5 mm
Entre asas:
21 mm
La esfera es de color negro mate, y en el perímetro vemos ese carril de los minutos con forma de raíl ferroviario, pero cerrado solo por el exterior, con postes de color dorado, más gruesos cada 5 minutos.
Luego tenemos los índices horarios aplicados, con formas geométricas básicas —círculos; rectángulos a las 3, 6 y 9; y un triángulo invertido a las 12—. Tienen el perfil metálico de color dorado, pero la mayor parte de su superficie es de un color que yo diría que es beige, muy clarito. Y eso es así porque Tudor quiere que se parezca al color del tritio, o del radio envejecido, que se usaba en los años 50. En realidad es Super-LumiNova grado A, la mejor, pero ese tono amarillento hace que ese efecto de falso radio me siente de maravilla.
Tudor Black Bay ficha técnica
| Característica | Detalle |
|---|---|
| Marca | Tudor |
| Modelo | Black Bay |
| Colección | Black Bay |
| Referencia | M7941A1A0RU-0001 (unidad reseñada, con brazalete de acero) |
| Calibre | Manufactura MT5602-U (fabricado por Kenissi) |
| Tipo de Movimiento | Automático (carga automática) |
| Precisión | 0 / +5 seg/día (Master Chronometer METAS) |
| Certificación | COSC + METAS Master Chronometer |
| Frecuencia | 28.800 alt/h (4 Hz) |
| Rubíes | 25 |
| Reserva de marcha | Aprox. 70 horas |
| Material de la caja | Acero inoxidable |
| Diámetro | 41 mm |
| Altura | 13,6 mm |
| Lug to lug | 49,2 mm |
| Ancho entre asas | 21 mm |
| Peso | No facilitado por Tudor |
| Cristal | Zafiro abombado |
| Bisel | Aluminio anodizado granate, unidireccional (120 clics) |
| Esfera | Negra mate, Super-LumiNova grado A (efecto "falso radio") |
| Brazalete | Acero inoxidable tipo Oyster (también disponible en piel o tejido) |
| Cierre del extensible | Desplegable de seguridad con microajuste rápido "T-fit" |
| Estanqueidad | 20 ATM (200 m) |
| Año de lanzamiento | 2023 |
| PVP Oficial | 4.900 € |
Manecillas: Tudor Black Bay
Las manecillas son santo y seña de Tudor. Esa horaria con forma de señal de tráfico, pero que todos conocemos como Snowflake, o copo de nieve. La verdad es que no sé muy bien por qué, porque es a lo que menos me recuerda; yo veo esa manecilla y lo último que pienso es en un copo de nieve. Imagino que se referirá a su estructura cristalina. Pero, en fin, lo que nadie puede negar es que es una aguja con muchísima personalidad y muy distinguible. De hecho, es como una especie de firma de la marca, y mola mucho.
La minutera es una espada bastante estrecha, y la trotadora, un bastón con piruleta doble dorada en el contrapeso y con lumen cerca de la punta, que es de mayor diámetro. Índices, horarios y agujas tienen exactamente el mismo color, y en la densidad de esa pasta luminosa, que más bien parece esmalte de lo compacta que se ve. Todo esto le da un aspecto muy premium.
Puede que, si no estuviera todo el día mirando relojes, estas cuestiones pudieran pasar desapercibidas, porque en principio parecen menores. Pero yo diría que es justo al revés: en estos detalles es donde salta a la vista la calidad desbordante de Tudor, que hasta la fecha solo había visto en otra segunda marca, que es Longines.
Y la pregunta que me hago es: ¿las primeras me parecerán tantísimo mejores? Me refiero a Rolex y a Omega. Pero si en mi cabeza algo hace clic cuando pienso en un reloj de 5.000 €, es que de ahí para arriba es otro mundo. Bueno, más bien otra galaxia lejana.
La "literatura" de la esfera
Debajo de las 12, en tres líneas, vemos el logo de Tudor —en este caso un escudo—, el nombre de la marca y “Genève”, que es Ginebra en francés. Encima de las 6, y en dos líneas, “200 m / 660 ft”, y debajo la leyenda “Master Chronometer”. En principio diría que es demasiada literatura, pero lo cierto es que no molesta para nada. Cuando el reloj no está perfectamente iluminado apenas se ve, y cuando la luz le da más o menos de lleno, brilla en un elegante color dorado, pero siempre opacado por el brillo muy superior de índices y manecillas. Toda esa literatura queda en un elegante segundo plano.
Cristal abombado, bisel de aluminio, y una caja con sabor vintage
Cristal
El cristal es de zafiro ligeramente abombado, e imita muy bien el plexi de aquellos años. No sobresale demasiado del bisel, lo justo para darle esa estética retro.
Bisel
Y lo mismo se puede decir del bisel: es de aluminio anodizado, que le da ese brillo apagado que también le queda muy bien a este reloj. El color yo diría que es un granate anaranjado cuando brilla, no se muy bien como catalogar este color, porque tampoco es que sea un bisel burdeos o un bisel granate el de este Tudor Black Bay.
Es unidireccional, de 120 clics, y el agarre no es lo mejor, porque tiene un perfil muy fino y no hay tanta superficie donde apoyar los dedos. Pero os digo que poco me importa eso comparado con lo que le aporta estéticamente esa delgadez. Aquí también cambio practicidad por belleza sin dudarlo, entre otras cosas porque este reloj no lo usaría para bucear aunque me mataran.
Dicho esto, y porque sé que me lo vais a preguntar, os pongo el aviso para que lo penséis vosotros: con sus 13 y pico milímetros de grosor, el Black Bay 41 viste alto para ser un 41 mm, más de lo que su diámetro hace pensar. Si tenéis la muñeca fina o buscáis algo que entre fácil bajo el puño de la camisa, tenedlo muy en cuenta antes de comprar, porque ahí es donde el BB58 (que es más pequeño y más plano) le come la tostada. Y el bisel finito que tanto me gusta de ver, agarra peor con los dedos mojados o con guantes. Para mí no es problema, pero yo no lo meto en el agua; vosotros sopesadlo según el uso que le vayáis a dar.
Los primeros minutos tienen todos los índices minuteros, y a partir de ahí alterna arábigos y postes. Tiene su gota de lumen encima del triángulo, pero con un marco metálico muy prominente, y eso también tiene su puntito.
Caja
La caja también es un ejercicio de nostalgia. En los años 50, todos los buceadores de Rolex y Tudor tenían ese labio pulido espejo que recorre la carrura y la separa visualmente de las asas. Tudor ha decidido mantenerlo. Y también algo decisivo en este diseño: la ausencia de protectores para esa enorme corona. Es decir, se recrea en ese estilo de los divers primigenios, pero incorpora una calidad que convierte un tool watch de vocación en el buceador más elegante y a la vez capaz que vas a encontrar. Un Divers 200 m, pero con traje de gala.
La corona y el fondo de caja: la filosofía Oyster de Hans Wilsdorf
Corona
La corona es soberbia: agarre y manipulación de los mejores, muy ranurada, y gracias a su enorme tamaño es muy agradable de operar. Además, te conecta muy bien con el movimiento, como debe ser una corona. Por supuesto, es roscada, y cuando la extraes notas un clic muy marcado, que mejora cuando la introduces y se queda en su sitio. Podemos ver un ancho tubo roscado, que seguro que está relacionado con la hermeticidad.
Tapa de la caja
La tapa está diseñada siguiendo el criterio de Hans Wilsdorf —fundador de Rolex y Tudor—: de acero sólido, roscada y con un estriado muy particular para la herramienta de apertura. Lo que más llama la atención es que no luce ninguna decoración: solo podemos leer, en el aliño exterior, las leyendas “Calibre Manufacture”, “Tudor” y “Genève”.
Debo reconocer que esto me ha dejado un poco confundido. Primero, porque está grabado al láser. Puedo aceptar que sea minimalista y sin adornos, pero creo que al menos deberían grabar mecánicamente esos textos. Si no fuera por ese ranurado exterior, que te dice que no es un reloj tan normal, casi parecería la tapa de un reloj de 200 o 300 €.
Pero para entender esto hay que remontarse a la mentalidad del precursor, cuando en 1926 desarrolla la filosofía Oyster, que, como sabéis, en español es “ostra”. Su fijación era que el reloj debía ser un búnker, ya que él no lo consideraba un elemento decorativo, sino un instrumento preciso y, sobre todo, hermético. Cualquier elemento innecesario significaba, para él, un punto débil, y hacer grabados profundos en la tapa podía afectar a la estanqueidad. El diseño de verdad debía ser como una ostra: lisa, dura y casi imposible de abrir sin la herramienta específica. Y por eso las tapas de Tudor y de Rolex son como son.
Visto así, entiendo el punto. Pero sigo pensando que esos grabados al láser no están para nada al nivel del reloj. Casi mejor que, para eso, no pongan nada.
El brazalete (Armis) y el cierre T-fit
El Armis es tipo Oyster, claro, y tiene unos cepillados que se ven de calidad. Aunque aquí también encuentro una pequeñita inconsistencia, y os la explico. Esa especie de tornillos que luce a los lados, no son tales, sino que los simula, como queriendo imitar los armis de chapa prensada, que a veces tenían ahí ese saliente, pero eran tornillos de verdad.
Si no los miras muy de cerca, imita muy bien esa sensación. Aunque me llama la atención que una marca independiente y con muchísimo menos recorrido como lo es Ichnos Watches pueda hacer un armis aún más aparente. Los eslabones, que sí llevan pasadores practicables, tienen los tornillos con la cabeza saliente y redondeada, igual que en el resto del armis.
Pero en el caso de Tudor, los tornillos que operas para quitar eslabones quedan al ras, porque son de cabeza plana. Esto no es algo que vayas a notar, pero cuando dicen que el diablo está en los detalles, será por algo. Estas pequeñas inconsistencias, aunque son aspectos totalmente menores, creo que le bajan un poquito la nota a un reloj que, por todo lo demás, es soberbio. Y da un poquito de pena.
El eslabón final es hembra, y a medida que el armis desciende se va estrechando, hasta acabar teniendo 16 mm cerca del cierre. Que también es otra pieza que se siente distinta y de gran calidad. Por supuesto, mecanizado por la parte externa, tiene esa ancha costilla que lo recorre, del mismo ancho que los eslabones centrales, y acaba en la pestaña de seguridad, que transmite también mucha clase.
Una vez lo liberas, encuentras esa misma sensación de calidad, tan frecuente que se convierte en rutina: lo abres tirando y lo cierras presionando. Y para ajustarlo tiene el cierre T-fit de Tudor, un sistema de microajuste que ya hemos visto más veces, pero que también aquí marca diferencias: te permite alargar o acortar el brazalete unos milímetros sin herramientas, a mano y al vuelo, que es una maravilla para cuando aprieta el calor y se te hincha la muñeca.
Cuando lo manipulas, notas ese mismo tacto de calidad que acabo de mencionar. Es difícil de explicar, pero tus dedos lo reconocen.
Opinión final: ¿vale lo que cuesta el Tudor Black Bay?
Para resumir la reseña, diré que entre sus aspectos negativos no encuentro ninguno suficientemente importante como para mencionarlo como tal. Las grabaciones al láser o los tornillos de cabeza plana del armis son menudencias infinitesimales al lado de la exuberancia de calidad y de estilo que derrocha este reloj por todas partes.
Para mí, su principal pega es el precio. Y cuidado, que no digo que no lo valga. Después de haber visto cómo se las gastan otras marcas suizas, y comparando con lo que le rodea, hasta diría que sí, porque este Black Bay sí que marca enormes diferencias en algunos aspectos con todo lo que hemos visto antes. Sobre todo ese Master Chronometer, que es una manera muy potente de marcar paquete, no me digáis que no. Pero no solo eso: está tan cerca de la excelencia en tantos aspectos que diría que es un reloj que roza la perfección, siempre que te guste su diseño. Y no solo por esa calificación METAS que hemos memcionado; es que cualquiera de sus aspectos raya a un nivel que es una verdadera pasada. La calidad visual que transmite es apabullante, y la paleta de colores, preciosa. Que un solo reloj combine todos los elementos a ese nivel de maestría, yo antes creo que solo lo había visto en Longines. Pero diría que Tudor incluso está un pasito por encima.
¿Y frente a sus rivales? Pelagos, BB58, Submariner y Longines
Y ahora vamos a lo que de verdad os interesa, que es con qué se pelea este reloj cuando sacáis la cartera. Os doy mi opinión clara con cada uno:
Frente al Tudor Pelagos. Si lo que buscáis es un reloj de buceo de verdad, sin disfraces, el Pelagos os va a tirar más: titanio, válvula de helio, esa estética de herramienta moderna. A mí, personalmente, me gusta más, lo confieso. Pero es otra cosa. El Black Bay juega la baza de la dualidad, ese “deportivo que también vale para vestir”, y ahí el Pelagos no le hace sombra.
Frente al Tudor Black Bay 58. El BB58 es el mismo espíritu en formato más pequeño (39 mm) y bastante más plano. Si tenéis muñeca fina, o queréis algo más discreto y clásico, el 58 es vuestro reloj. El 41, en cambio, tiene más presencia y, en esta generación, el plus del METAS. No es que uno sea mejor que el otro: es cuestión de muñeca y de gusto.
Frente al Rolex Submariner. Aquí está la pregunta del millón, y os la dejo abierta a propósito (yo el primero, me la sigo haciendo): el Submariner cuesta más del doble y encima toca hacer lista de espera. ¿Es el doble de bueno? Sinceramente, no he tenido un submariner en la mano para poder dar un veredicto. Lo que sí creo es que con Rolex pagas más por el nombre, la pátina de marca y un mercado de segunda mano que no se hunde. Si eso os importa, adelante. Si no, creo el Tudor puede estar cerca de dar el 90 % de la experiencia por menos de la mitad.
Frente al Longines Spirit Flyback. Y este es el que de verdad le pisa el precio, porque ronda los 5.150–5.400 €, ahí ahí con el Black Bay. Pero ojo, que es OTRO reloj: un cronógrafo de piloto con función flyback, con toda esa preciosa historia de la aviación de Longines detrás. Para mí es más “aspiracional” por ese relato, aunque las dos marcas tienen historia de sobra. Si os pierde un crono y la aeronáutica, miradlo. Si queréis un diver de tres agujas con sabor vintage, el Tudor.
Entonces, ¿me lo compraría o no?
Os lo digo claro, sin escurrir el bulto: sí, lo recomiendo. Si tenéis ese dinero y queréis gastároslo en un reloj, este Black Bay no os va a defraudar; la calidad está fuera de toda duda. ¿Como primer “reloj de lujo”? Sí, pero dejadme matizar una cosa, que soy un pesado con esto: yo el lujo de verdad lo pongo un peldaño más arriba, en la alta relojería. Esto, más que lujo, es la mejor puerta de entrada que conozco, una gama premium que da más de lo que pides. Y eso, lejos de ser una pega, es el mayor piropo que le puedo echar.
Eso sí, compradlo si os entra por el ojo. Si buscáis algo más deportivo, tiráis al Pelagos; si lo queréis más pequeño, al 58; y si os tira la aviación y un cronógrafo, al Spirit Flyback. Pero si lo que os ha enamorado es ESTE, con su bisel granate y su falso radio, dadle sin miedo.
Quizá en ese pensamiento me esté influyendo el tema de la calificación METAS, que tampoco es una diferencia desdeñable, ya que los Longines Spirit se quedan en el COSC. Y no digo que eso sea poco, pero un Master Chronometer es otra liga, ¿no? En general, diría que el hecho de que sea un reloj herramienta tan capaz y que, al mismo tiempo, tenga ese impacto visual tan potente y con tanta clase, es algo a lo que no estás tan acostumbrado. Y por eso digo que a mí me voló la cabeza.
Me ha gustado muchísimo este reloj, y para nada me ha llevado a ese terreno donde me he sentido tan incómodo en otras ocasiones, teniendo que criticar marcas legendarias. Al revés: me sorprende que Tudor sea la segunda marca de nadie, porque la calidad que exhibe es muy difícil de superar.
Y nada más, que agradecer a Rui —noble portugués y amigo— que nos dejara este pedazo de reloj aún sin estrenar. No dejo de sorprenderme por la confianza y el cariño que nos demuestran nuestros amigos. Un gran abrazo, crack.
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